domingo, 9 de marzo de 2008

CALLEJERO MASÓNICO

Pudiera dar la impresión de que Madrid es una ciudad que rinde homenaje a la masonería. Más de 50 vías urbanas llevan el nombre de masones ilustres, desde Goya a Mozart, pasando por Franklin, Argüelles, Manuel Becerra, Emilio Castelar, Cea Bermúdez, Blasco Ibáñez, Echegaray, Zurbano, Jovellanos, Gabriel y Galán, Gómez de la Serna, Espronceda, Mesonero Romanos, Rubén Darío, Víctor Hugo, Ramón y Cajal, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Antonio Machado, Juan Gris, Narcís Monturiol, Isaac Peral, Prim, Sagasta, Samaniego, Meléndez Valdés, Tomás Bretón, Walt Disney, Salvador Allende... Cualquier institución honorable y democrática daría lo que fuera por tener a esa gente entre sus socios.

El censo de estatuas también incluye numerosas efigies de venerables maestros distribuidas por la capital. Sólo en el Retiro hay más de una docena. Por más que el franquismo identificaba a la masonería con el demonio, el Ángel Caído no era masón, como algunos pretenden.

No tienen calle en Madrid, pero se la merecen, otros masones que, junto con los anteriores, formarían un retablo barroco fascinante: Thomas Moro, Voltaire, Rousseau, Arthur Conan Doyle, Bach, Schubert, Goethe, Paganini, Duke Ellington, Louis Amstrong, Nat King Cole, Clark Gable, Oliver Hardy, Mario Moreno Cantinflas, ¡Josephine Baker!, Peter Sellers, Glenn Ford... En fin, un banquete de talento.

Por lo que se ve, en la masonería hay talantes para casi todos los gustos, al igual que ocurre con los jesuitas. Era masón Ramón Franco Bahamonde, hermano de quien todos sabemos y héroe de la aviación española. Si no tiene calle o estatua en Madrid es sólo porque al general no le iba esa marcha para nada.

Don Baldomero Espartero, que también era masón, no tiene calle ni siquiera costanilla, pero cabalga airoso frente al Retiro en un caballo singular. El noble bruto padece cierta disfunción genital llamada poliorquidia por los urólogos. Consiste en poseer "testículos supernumerarios", es decir, más de dos. Tamaña anormalidad es un portento y ha convertido al solípedo en referencia necesaria cuando se habla de valentía. El caballo de Espartero está que vota, hoy.

(Ricardo Cantalapiedra. El Pais.com)